Haciendo escala

El turismo de cruceros genera 63 millones de euros anuales en compras en Barcelona

Las compras ‘turísticas’ generan 49.000 puestos de trabajo en la ciudad condal

Cuando pensamos en gasto turístico, tendemos a pensar únicamente en el gasto producido en hostelería, pero según investigación de campo llevada a cabo por la unión de los ejes comerciales turísticos de la ciudad, aglutinados bajo el nombre de Barcelona Oberta, las compras turísticas generan 49.000 puestos de trabajo en Barcelona. Dicho estudio, presentado bajo el nombre de Informe SocioEconòmic de les compres turístiques a la Ciutat de Barcelona (marzo, 2017) y en el que se ha encuestó a 1.250 comercios, analiza cómo dichas compras generan un impacto directo de 2.000 millones de euros en la economía local. En él, como decimos, se destaca el papel fundamental del turismo en general en el sostenimiento y calidad del modelo de comercio barcelonés, haciendo hincapié en su influencia en la generación de empleo local.

Analizando el impacto del turismo de cruceros, tomando como base el 2014, se calcula que en ese año se generó una facturación de más de 47 millones de euros. Las compras representaban entonces el 15,4% del gasto total directo el crucerista en la ciudad (excursiones, entradas a equipamientos, comercio, restauración/hostelería, transporte), de un global de 315 millones de euros. Una cifra que no ha parado de ascender desde entonces; con 63 millones – un 13% sobre el total de 465 millones generados en la ciudad por los cruceristas en 2016- .

Una encuesta del Instituto DYM muestra que el perfil medio del pasajero de cruceros que llega a Barcelona es el de un visitante de mediana edad (50 años) con “un elevado poder adquisitivo.” Su dispendio es más elevado que el de otras tipologías de visitantes; invierte 108 euros de media frente a los 68 euros del resto de turistas en actividades de ocio en Barcelona, compras incluidas, sin contar el alojamiento, el transporte y el paquete turístico.

Como cliente, ha actuado como el resto de los turistas de amortiguador del impacto de la pasada crisis, compensando con creces la caída del gasto en compras de los residentes -que se redujo un 12%-. Desde Barcelona Oberta, además, se calcula que entre un 10% y un 21% de los comercios locales situados en las zonas de más densidad turística, aquellas donde las compras de turistas suponen ente el 25 y el 50% del total- habrían cerrado sin la existencia de ese visitante, crucerista y no crucerista.

Otra consecuencia es la capilaridad del gasto en compras de los pasajeros de cruceros, que se extiende más allá de los núcleos más cercanos al puerto de Barcelona –recordemos la ventajosa circunstancia que el centro histórico de la ciudad esté a solo 2 kilómetros de las terminales internacionales de cruceros-. Ciutat Vella, y el Eixample son los dos distritos de mayor densidad de compras turísticas y que más se benefician de la actividad crucerística al concentrar el 27 y el 30% de las compras de los pasajeros, respectivamente.

La proximidad y continuidad geográfica de la oferta comercial facilita, por ejemplo, que una pareja canadiense de cruceristas de mediana edad pueda pasear y comprar en una joyería de Paseo de Gracia, eje de máxima densidad de compras turísticas (más del 50%), o bien se desplace por los aledaños, en el mismo Eixample, admirando las numerosas galerías de arte, y continúe después andando hacia el barrio de la Ribera y el Born –o en sentido contrario, hasta Gràcia- para buscar colecciones de diseñadores de moda locales, pensando en un detalle original para su hija veinteañera.

Ir de compras, segunda opción preferida de ocio para los cruceristas

Y es que, no en vano, Ir de compras es una de las actividades preferidas de los pasajeros de cruceros que llegan a Barcelona. El shopping se ha situado como la segunda opción de ocio elegida por estos turistas tras la de visitar la ciudad, paseando por sus calles y atracciones, y ello vale tanto para los que pernoctan en sus hoteles y apartamentos como para aquellos que solo hacen una escala.

Así se deprende del primer informe sobre el impacto económico de actividad de los cruceros en la capital catalana, elaborado en 2014 por la Universitat de Barcelona, Turisme de Barcelona y el Port de Barcelona, y que en su más reciente actualización de 2016 ve corroborada esta tendencia. Por ejemplo, respecto al papel de las tripulaciones de los cruceros, que destinan a las compras exactamente el 51% de su dispendio de 6 millones de euros en la ciudad

Desde el programa Shopping Line/Shopping City de Turisme de Barcelona se han llevado a cabo acciones puntuales como Shopping Days dominicales enfocadas al mercado de los cruceros. Técnicos del área de Productos Turísticos del consorcio de promoción explican a ESCALA BCN que “tenemos un acuerdo con Creuers del Port y la empresa que gestiona las terminales de cruceros para proveer de información in situ de bienvenida a los pasajeros: les damos trípticos de shopping days, de la agenda cultural, planos de la ciudad…etc.”

El programa Shopping Line hace extensiva buena parte de la oferta comercial actual que se extiende por distintas zonas del entramado urbano, desde Ciutat Vella al Eixample o Gracia, llegando hasta la Avenida Diagonal.

Notable alto para la oferta comercial de Barcelona

La oferta comercial de la capital catalana es uno de los aspectos mejor puntuados por los visitantes que embarcan /desembarcan en un buque de crucero en la ciudad, pese a que en estas mismas encuestas de valoración el shopping compite con atractivos top de la urbe como la arquitectura, centros de interés cultural, restaurantes y otros entretenimientos potenciales. Esta oferta comercial, de proximidad, variopinta, y donde caben desde lo más vintage (Gracia, Born) a lo más selecto (Paseo de Gracia, Diagonal…) obtiene una puntuación casi de sobresaliente (8,97). Por extensión, el sector retail se encuentra entre los numerosos ámbitos económicos que se benefician de manera inducida de la capitalidad crucerística de Barcelona.

Más de 1,2 millones de pasajeros de cruceros pernoctan en hoteles y apartamentos y son los que generan un mayor gasto de estancia. En lo que concierne a los cruceristas en tránsito, esos 1.27 millones de pasajeros que hacen escala en nuestro puerto gastan casi 23 millones de euros al año en compras. El gasto medio en el comercio minorista de un turista estadounidense, el de la nacionalidad con mayor volumen de cruceristas en BCN, es de 719 euros (encuesta Global Blue, 2016), muy superior al dispendio habitual en tiendas y centros comerciales de cualquier crucerista de nacionalidad europea, que son los que le siguen en presencia en los cruceros en BCN.

La moda, de moda

El turista de compras, y el crucerista lo es por autonomasia, se relaciona e interactúa más con la ciudad que otro tipo de visitantes. Actúa de prescriptor de los productos locales y las marcas el país, la región o la misma ciudad. ¿Qué tipo de productos demandan? Moda, productos tecnológicos, joyería, bisutería, perfumería, cosmética, arte, productos artesanos y productos locales son los artículos preferidos. Así, la moda ‘made in Barcelona‘ (Desigual, Custo Barcelona, Toni MIró, Rosa Clarà…), promovida desde pasarelas como la 080 o el Bridal Week, así como el resto de marcas de moda internacionales españolas, se han convertido en uno de los acicates de compra para los que visitan la ciudad.

En este sentido, los grandes centros outlet de moda los aledaños de Barcelona también han puesto el foco en los pasajeros de cruceros. Viladecans the Style Outltets, a diez minutos de distancia del puerto por carretera, se ha propuesto disponer de autobuses lanzadera en puntos de la ciudad como Colón, Plaza de España…, para los cruceristas en época de verano, según informaba El Economista. Por su parte, el outlet La Roca Village orienta su estrategia de captación turística a los viajeros extracomunitarios (Rusia, China, Japón…).

En definitiva, el éxito que tiene Barcelona tiene como destino de compras, incluso para cruceristas que apenas pasan unas horas en nuestra ciudad, se mide también por sus efectos: transformación de barrios deprimidos, modernización de los locales comerciales, y repercusión inducida, ya que por cada cien euros de gasto en las tiendas se generan 98 adicionales en la industria y los proveedores.

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