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Portal de la Pau, un símbolo de la relación de Barcelona con el mar

Unos 17 millones de personas pasan cada año por delante de este edificio singular 

por Marta Albiñana

El 1 de junio de 1907 se inauguraba en Barcelona un edificio singular que, con el tiempo, llegará a convertirse “en un símbolo de la estrecha relación entre la ciudad y su puerto, en un referente de la apertura de la institución a sus conciudadanos”, explica Miguel Ángel Pindado, jefe del departamento de Proyectos del Puerto de Barcelona. Hablamos del inmueble situado en la plaza del Portal de la Pau, justo al final de La Rambla y junto al monumento a Colón, desde donde parten las históricas Golondrinas. Literalmente a un paso del mar, por delante de esta construcción -que fue la antigua sede de la Autoridad Portuaria hasta 2010- pasan unos 17 millones de personas cada año, según los datos del Puerto.

Postal de la época con los toldos ya anunciando al Restaurant ‘Mundial Palace’

A principios del siglo pasado, en un momento de expansión del puerto, se planteó la necesidad de levantar una estación de pasajeros que reuniera todas las prestaciones y servicios a la altura de una ciudad moderna, innovadora y abierta como lo era, y es, Barcelona. El responsable del proyecto fue el ingeniero Juli Valdés Humarán, quien también fue director del Puerto. La consecuencia de ello fue un edificio que desde el primer momento no pasó desapercibido y que forma ya parte del patrimonio sentimental del barcelonés.

Un edificio insólito, una voluntad institucional

La institución cuenta que previamente, en 1887, Valdés viajó a Inglaterra para estudiar las técnicas constructivas de los puertos de ese país, muy avanzadas. El estilo del edificio, aunque ecléctico, recuerda a los palacetes europeos de la segunda mitad del siglo XIX, en especial por lo que se refiere a las distintas fachadas, a las cuatro torres con un complejo trabajo de fundición y a la cubierta de bóveda con luz cenital. A su vez, flanqueando las torres, diversos grupos escultóricos representaban alegorías sobre el mar, siendo el más importante de todos el que representaba a la ciudad de Barcelona protegiendo a la navegación y al comercio. A todas luces, se trataba de un edificio insólito, excepcional y muy refinado. 

Cabe destacar como anécdota que, de manera absolutamente pionera, el Mundial Palace ofrecía cada sábado platos de cocina estrictamente vegetariana (en 1908 se celebró en sus mesas la constitución de la ‘Liga Catalana Vegetariana’

“Más allá de satisfacer las necesidades puramente funcionales de una terminal marítima, el puerto quiso que el edificio transmitiese el vigor de una institución teniendo en cuenta, especialmente, la ubicación privilegiada del mismo en la ciudad”, asegura Miguel Ángel Pindado. La planta baja albergaba un amplio conjunto de servicios orientados al viajero marítimo (mostradores, depósito, recepción e inspección de equipajes, dos quioscos, despachos de navieras y consignatarias), además de la inspección de policía, aduanas, la estafeta de correos y la oficina de telégrafos. Los barcos que atracaban en el embarcadero conectaban Barcelona y las Islas Baleares, mayormente. Pero no era, por supuesto, difícil ver desde allí los que fueron los primeros barcos de pasajeros (precedentes de los barcos de cruceros actuales) dado que la terminal donde se empezaron a amarrar dichos barcos estaba situada donde hoy está el edificio del World Trade Center. 

El Mundial Palace, un restaurante de lujo con opciones vegetarianas

Volviendo a los tiempos de la construcción del edificio, al poco tiempo de ser inaugurado, se sacó a concurso público el arrendamiento de la primera y segunda planta, “destinadas, con todas sus dependencias, a café-restaurant”, tal y como indica la Memoria sobre el estado y adelanto de las obras del Puerto durante los años 1907 a 1910. La explotación de los dos quioscos del llamado ‘Embarcadero de Viajeros’ también correría a cargo de los ganadores, Enric Vilalta y Josep Serra. 

Comensales en una de las celebraciones llevadas a cabo en el ‘Mundial Palace’

El establecimiento contaba con dos amplias salas de ambiente exclusivo, cocina, bodega, despensas, aposentos para el descanso de pasajeros, baños e incluso, una peluquería. Allí se celebraron grandes banquetes y eventos de carácter social, político, cultural y deportivo, tal y como certifica Miquel Barcelonauta en su blog Barcelofília. El local se convirtió, muy pronto, en uno de los lugares de reunión preferidos de la burguesía de la ciudad. Cabe destacar que, de manera absolutamente pionera, el Mundial Palace ofrecía cada sábado platos de cocina estrictamente vegetariana (en 1908 se celebró en sus mesas la constitución de la Liga Catalana Vegetariana a la que asistieron más de 250 personas asociadas). 

‘Lo que fue muchos años atrás una terminal de pasajeros se convertirá en un punto de encuentro entre el puerto y los ciudadanos de Barcelona’

Miguel Ángel Pindado, jefe del departamento de Proyectos del Puerto de Barcelona

El restaurante cerró sus puertas en 1918 y, debido a una nueva remodelación de las instalaciones portuarias, la totalidad del edificio se destinó a las oficinas de la Junta de Obras del Puerto. Más adelante, albergó a las diferentes instituciones que gobernaron el Puerto, como el Puerto Autónomo (1978-1992) y la propia Autoridad Portuaria (1992-2010). Y, “a causa de los sucesivos cambios y adaptaciones (…), el edificio es ahora una superposición de intervenciones confusas”, especifica la memoria de las obras actuales. 

Foto actual del edificio, futuro centro de divulgación ‘Port Center’

Los nuevos planes: la divulgación

Siguiendo el camino hacia la integración puerto-ciudad (cuyos grandes avances se emprendieron en los años previos a los JJOO), la institución ha iniciado un proyecto de remodelación del edificio, que albergará un centro de divulgación, el Port Center. La función principal de este nuevo espacio consistirá en “estrechar las relaciones con la comunidad sobre la base del conocimiento”, afirma Pindado, quien garantiza que las obras son “absolutamente respetuosas con el plan original” del ingeniero Valdés. En definitiva, lo que fue muchos años atrás una terminal de pasajeros se convertirá en un punto de encuentro entre el puerto y los ciudadanos de Barcelona recuperando para éstos uno de los edificios más anclados en el imaginario sentimental de la ciudad condal. 

Fotos cortesía del Port de Barcelona 

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